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No, en este artículo no vamos a hablar del bloqueo del escritor. Lo haremos en otros, pero no en éste. Hoy nos toca tratar un momento o situación que puede ocurrirte muy bien como escritor, pero que nada tiene que ver con un posible bloqueo.

Se trata del síndrome del escritor quemado. Una coyuntura molesta y, sobre todo, preocupante, porque en general, cuando la experimentamos, no la comprendemos y, por tanto, ignoramos qué nos está ocurriendo. Podemos incluso llegar a confundirla con el bloqueo, pero no lo es y, si no la identificamos y atajamos cuanto antes, el síndrome del escritor quemado puede conducirnos al abandono de nuestra mayor pasión.

Así que vamos primero a diferenciar al escritor bloqueado del escritor quemado, de manera que tengas muy claro cómo diagnosticar una enfermedad u otra en caso de que algún día te aqueje alguna de ellas.



síndrome del escritor quemado

El bloqueo del escritor y el escritor quemado

Seguro que te resulta fácil entender eso del “escritor quemado”, sobre todo si trabajas por cuenta ajena y tu jefe y ambiente laboral no son el lugar ideal donde pasar un tercio de tu vida. El síndrome burnout nos ataca a todos cuando el trabajo nos desborda y la cantidad de tareas que debemos atender supera nuestra capacidad para darles salida. Cuando esta situación se da durante un tiempo demasiado largo y el estrés se mantiene con el sable en alto mes a mes, decimos que nos sentimos quemados.

Volviendo ya a nuestro mundo de la escritura

  • El bloqueo del escritor es relativamente fácil de diagnosticar. Un síntoma que te ayudará a hacerlo es el sorprenderte mirando a la página y sintiéndote incapaz de trasladar a la hoja en blanco lo que tienes en la cabeza.
  • Frente a él, el síndrome del escritor quemado supone una actitud personal muy distinta a la anterior. Sí, por supuesto también estás frente a la página, pero la odias. Y, además, te asaltan docenas de preguntas sobre tu capacidad para escribir y tu identidad como escritor.

Lo peor de sufrir el síndrome del escritor quemado es que esa situación suele ser mucho más larga que la que se vive con un simple bloqueo y, por ello, más difícil de superar. Pero no imposible.

 

¿Por qué se produce el síndrome del escritor quemado?

Puede deberse a cientos de razones. Una, como ya se ha apuntado, es el estrés y la sobrecarga de trabajo.

Pregunta

Me siento exhausto

Ser escritor hoy en día requiere mucho más que imaginar una historia y llevarla al papel. Si eres un escritor-emprendedor, es decir, si perteneces a la nueva especie de escritor surgida a raíz de la revolución tecnológica de los últiimos años, además de trabajar tus novelas tienes que ocuparte de cientos de tareas más: llevar un blog, atender las redes sociales, planificar y llevar a cabo un buen plan de marketing… Y todo ello puede acabar contigo tiznado como un ascua si no sabes organizarte de manera correcta.

 

No le importo a nadie

Tener éxito no es fácil. En realidad, lo más habitual es que no te lea mucha gente. Pero esa realidad es difícil de asumir, sobre todo cuando te lo has currado mucho y ves pasar los días sin que los números de visitas a tu blog aumenten ni lo hagan tampoco los lectores de tu libro. Al principio lo tomas con paciencia e incluso llegas a ignorarlo. El éxito llegará, crees. Así que te esfuerzas y no permites que ningún sacrificio, por duro que sea, te frene en el deseo de hacer realidad tu sueño. Pero la realidad es tozuda: el tiempo pasa y los resultados no acaban por llegar.

Es frustrante, es agotador y es sumamente triste, sí, lo sé. Y todas esas emociones juntas y mantenidas a lo largo de un largo periodo de tiempo acaban encendiendo la cerilla con la que prender la gasolina que te has echado por encima.

 

El monstruo de la perfecciónPerfect

Querer que lo que haces alcance la perfección suele ser también un motivo que nos acaba por llevarnos hasta la hoguera de la decepción por no alcanzarla. De ahí al desengaño hay medio paso y, de éste, el camino más habitual que tomamos, después de arrastrar nuestra desilusión tras nosotros, es la que nos lleva directos a la sensación de fracaso. Haber trabajado todo lo que se ha trabajado, para nada. Eso quema, y mucho, así que para qué esforzarse.

Y entonces empiezan a pasar los días y la lasitud se hace con el control. La desgana nos invade. Empezamos a creer que estamos bloqueados, que nuestro cerebro se ha atascado y que no será capaz de salir de la trampa de lodo en la que se ha metido.

Sin embargo, ¡no te confundas! No estás bloqueado. Estás quemado.

 

Cómo superarlo

Lo primero, teniendo muy claro que, aunque pueda resultar un proceso largo, no dura para siempre y que, por supuesto, tiene solución.

1. Haz un buen diagnóstico

diagnósticoNo lo confundas con el bloqueo. Se trata de un problema diferente que requiere un tratamiento distinto. Una vez que lo has diagnosticado y que sabes cuál es tu enfermedad, puedes empezar a caminar en la dirección adecuada para sanarla.

Si te has venido autodestruyendo durante las últimas semanas, e incluso meses, con mensajes del tipo: Ya no sé qué escribir. Ya no me satisface la escritura. He agotado toda mi creatividad o No quiero volver a escribir jamás, no lo dudes: estás quemado. Ahora toca dar el segundo paso.

2. Ponte a escribir

¡Exacto! Haz justo lo contrario de lo que te dice el cerebro. Abandonar es la peor decisión que puedes tomar. Escribir no es una tarea fácil, lo sabes tan bien como yo, así que si te aqueja el síndrome del escritor quemado y tu cerebro te tienta con mensajes destructivos para que abandones, obedecerle te conducirá irremediablemente a que esa tarea se vuelva hercúlea y se haga más y más difícil con cada día que pase.

Así que rompe las tretas que te tiende tu propia cabeza. No dejes que te convenza. No eres mal escritor, o quizá sí, no puedo saberlo, pero lo que sí es seguro es que en ese momento tu cerebro te está boicoteando. ¡Revélate! Dale una nueva oportunidad a tu escritura.

 

3. Pero date un respiro

Quizá sea buena idea dar vacaciones a algunos de los proyectos en los que te has visto inmerso durante los últimos tiempos y que probablemente hayan contribuido a generar el estrés que te ha traído hasta esta situación tan desagradable. Dale aire a tu cerebro. Deja que respire, que sienta espacio a su alrededor y se vea libre de todas esas ataduras a las que le has tenido sujeto.


Respiro


Nuestra mente es una máquina maravillosa y, si eres o quieres ser escritor, hay algo de lo que no se puede dudar: la tuya es, además, creativa. Una mente creativa es una mente inquieta que responderá de forma positiva en cuanto tome una honda bocanada de aire y se sienta liberada de las ligaduras a las que le has tenido amarrada. El mayor placer para una mente creativa es crear, así que tenlo por seguro: en cuanto le des descanso, la descargues de trabajo y vuelvas a darle la libertad que requiere, se pondrá a fantasear, idear y proyectar sencillamente porque no puede evitarlo. Es su naturaleza.

 

4.Vuelve

Sal ahí fuera y vuelve a publicar. No quieras excusarte por tu larga ausencia. No tienes por qué hacerlo. Si quieres contárselo a tu audiencia, adelante; pero si prefieres no compartir la experiencia con ellos, siéntete libre de no hacerlo. Cada uno de nosotros es dueño de su intimidad y sabe hasta dónde y con quién quiere compartirla.

Simplemente vuelve y comienza de nuevo.

5. Después…, basta con ser constante

Mientras te encuentras inmerso en la enfermedad, cuesta tanto escribir que mantener la costumbre ya es un reto dificilísimo, pero ahora que la has superado o estás a punto de hacerlo, mantener la constancia en la escritura es doblemente importante y, para ello, lo mejor es dejar que tu cerebro racional se haga con las riendas durante un rato y realice un plan de acción. No es necesario que sea exigente al principio, pero sí que te obligue a ser perseverante.

 

¡Ánimo y a recuperarse! 🙂

 

¿Alguna vez te has sentido quemado en lo que se refiere a tu escritura? ¿Cómo lo superaste? ¿Qué estrategias te funcionaron?

Cuéntanoslo en los comentarios y ayúdanos a saber más de este síndrome y de cómo hacerle frente.

 

 

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Ateneo Literario

Comments

  1. C. F. Durá    

    Yo entro en lo del escritor quemado por perfeccionismo. Lo de la autoestima inexistente es un gran problema porque en mi caso me provoca ansiedad, tal cual. Cuando llega el momento de sentarme a escribir me da la ansiedad y hasta planchar parece más atractivo y, sobre todo, menos amenazante. Que lo que más te gusta te produzca malestar es un horror. Y acabas abandonando y asegurándote a ti misma que como simple lectora eres más feliz.
    Ayss… Seguiremos luchando.
    Un abrazo!!

    1. Ateneo Literario    

      Hola Carmen.

      Pues hay que superar esa vena perfeccionista que nos lleva hasta la parálisis. Y se supera lanzándose a la piscina sin temor. De los errores también se aprende, así que no pasa nada si se falla. Todo lo contrario, se pueden aprender lecciones muy valiosas. No puedes permitir que “lo que más te gusta se convierta en un horror”. Ánimo y a por ello.

      Un abrazo.

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  2. Jaume Vicent    

    Pues yo ahora mismo estoy en ese punto.
    Desde verano que apenas escribo y la verdad es que siento que tampoco lo necesito. Cuando me pongo a escribir, al poco rato empiezo a sentirme cansado y molesto.
    Por supuesto, me paso el día dándole vueltas al asunto y nunca logro encontrar un motivo para sentirme así. El problema es que, cuando me siento a escribir, me entra la mala hostia y pienso: ¿esto para qué? Y me pongo con otras cosas.
    Creo que tu diagnóstico es muy acertado: nos sentimos ignorados, nos criticamos mucho, no sentimos que avancemos y eso, al final, repercute en nuestro ánimo —creo que al final es un estado de ánimo— y nos hace desear dedicarnos a otra cosa.
    En mi lugar, últimamente me dedico mucho más a mi trabajo en otras áreas como en el copy o en community, porque me da más alegrías que mi faceta como escritor, algo que aviva las brasas y hace que me sienta más quemado con la escritura. Además, es que me has radiografiado en el artículo, hace meses que me voy diciendo: no quiero escribir nunca más.
    Es bastante frustrante, la verdad.
    En fin, menos mal que ahora ya sé que esto tiene un nombre y que no me pasa solo a mí.
    Un abrazo!

    1. Ateneo Literario    

      Hola Jaume.

      Te entiendo muy bien. Yo he pasado por esa fase este verano. De hecho, aún no he logrado superarla del todo y ahí estoy, luchando con ella, así que siénte acompañado porque, efectivamente, no eres el único.

      Eso sí, ánimo y pon toda la carne en el asador. Eres un buenísimo escritor, de modo que no te dejes vencer.

      ¡Vamos, vamos! 🙂 Un abrazo.

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  3. Miguel Ángel Alonso Pulido    

    Muy buen artículo y muy buenos consejos. Yo os añadiría que hay que pensar en la creatividad como un depósito de combustible. Tienes que sacar de él para poder escribir, pero también para otras tareas que no son creativas. Si gastas el depósito en cosas que no tienen que ver con la escritura, cuando te quieras poner a escribir serás totalmente incapaz y estarás quemado como le ocurre a Jaume.

    El truco está en llenar el depósito siempre que puedas. Lee libros que te inspiren, ve buenas películas o machácate una hora en el gimnasio, todo ello rellena tu depósito. También puedes cambiar tu rutina y dedicarte a primera hora del día a la escritura, cuando tienes el depósito lleno. Es muy fácil caer en una espiral autodestructiva, pero siempre hay que recordar la satisfacción incomparable que da terminar de escribir un libro.

    Esa es la meta, y también hay otra intermedia, que es entrar en ese estado en el que las ideas fluyen sobre el papel. Y para entrar en ese estado debes ser consciente de las fases anteriores y admitirlas como pasos necesarios. En mi caso, las tengo ya un poco controladas. Una fase de procrastinación donde me dedico a cualquier cosa menos escribir. Una fase de resignación cuando me pongo a escribir. Una fase de duda, en la que pienso que estoy perdiendo el tiempo. Una fase de interés, cuando después de varias líneas voy entrando en calor. Y una fase de pasión, cuando ya no quiero abandonar la escritura y el tiempo pasa volando.

    Aprende a reconocer tu propio proceso y aceptar todas las fases que tiene. Y preocúpate de tener siempre lleno el depósito. ¡Un saludo!

    1. Ateneo Literario    

      Hola Miguel Ángel.

      Gran comentario el tuyo al que no se puede añadir nada. En todo caso, deberíamos añadirlo nosotros al artículo como un anexo. Como bien dices, se van pasando por diferentes etapas que uno mismo tiene que conocer y aprender a manejar.

      Un saludo y gracias por tu visita y comentario.

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