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El otro día, cuando pensaba concienzudamente sobre el tema del que quería hablarte hoy, que por cierto nada tenía que ver con este, leía unos comentarios al respecto de un relato.

Me llamo mucho la atención cómo se tiraban por tierra varias escenas del mismo con la siguiente argumentación: “es que este personaje, es plano”.

Por un momento asentí con la cabeza convencido del argumento. Luego algo me sonó por dentro, y más tarde dije:

He de decir, que no se trataba de un relato propio, ni tampoco de una corrección por mi parte sino que asistía a la opinión de un colega sobre el trabajo que otro le había entregado para obtener sus comentarios.

imagen de www.pixabay.com

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Todo ello me llevó a querer explicar algunas cuestiones relacionadas con los personajes. Es verdad que son aspectos muy comunes a todos los estilos literarios, puesto que el diseño de personajes es un trabajo tan importante o quizá más que la propia planificación de tu novela, pero de esto os hablaré en otro momento.

No voy a entrar en todos los tipos de personajes que existen y sus distintas clasificaciones. Lo que si te voy a decir, es que no te dejes confundir, porque por lo he podido comprobar en otras webs cuando se habla de creación de personajes, no se hacen diferencias entre las funciones y los tipos de personajes. Son parecidos, pero no es lo mismo. En estos enlaces podrás tener una visión un poco más amplia de lo que te comento.

Una clasificación de los tipos de personajes, que es con la que me voy a quedar por la anécdota que os he contado al principio es la que diferencia entre:

  • Personaje Plano
  • Personaje Redondo

El primero de ellos se refiere al que no evoluciona a lo largo de la narración. Aquel que inicia la misma con unas características y que termina con las mismas. No presenta ningún tipo de conflicto de carácter emocional o psicológico que le haga tener que enfrentarse a dudas que resuelve a lo largo del relato o de la novela. Nada. Plano por completo.

El redondo, es justo todo lo contrario. Es complejo, presenta todas las dificultades del mundo, todas las dudas, todos los problemas y emociones propias de las personas, propias de nosotros y hace que por ello podamos identificarnos claramente con él y con sus problemas. Estas cuestiones les hacen evolucionar a lo largo de la narración y les presenta como alguien completamente distinto al principio que al final.

Pongamos un ejemplo que nada tiene que ver con la literatura erótica para ilustrar esta cuestión, por ejemplo Frodo Bolsom en El señor de los anillos. Es un personaje redondo. Se enfrenta a dudas, a una misión, a complejidades que tiene que superar, y por supuesto el personaje del principio para nada es el personaje del final. Pero ¿podemos por ejemplo decir lo mismo de su compañero Sam?

Sé que esto me va a reportar alguna crítica o puntualización por parte de alguno de vosotros, pero no importa, porque bajo mi punto de vista, si algo tiene bonito la literatura es la capacidad para poder discutir de estas cuestiones y aprender entre todos, evolucionar como lo haría un personaje.

www.pixabay.com

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Por tanto ¿Tiene algo de malo un personaje plano para una novela erótica?

¿Es el erotismo un conflicto en sí mismo?

Yo creo que sí.

Por mi parte ya traté de explicar en mi anterior entrada cuestiones derivadas de este punto, estableciendo de una manera muy somera distintos límites. Alguna escritora de erótica, muy elegante en su redacción por cierto, como Mimmi Kass, no estaba de acuerdo con mi entrada y así lo rebatió en una suya. La realidad es que, en el fondo, no estábamos tan en desacuerdo.

Por tanto, si el erotismo es un buen punto de partida para tratar otras cuestiones, o la propia del sexo sin más, ¿un personaje plano nos puede ayudar a avanzar en nuestra trama? Definitivamente SI.

No hay más que acudir al personaje de Anastasia Steele en la famosa trilogía. Aparte de las consideraciones de esa novela como adaptación clara de la trilogía de vampiros más vendida de los últimos años, con un pretendido corte sexual, en mi opinión el personaje femenino es completamente plano. No evoluciona en sus conflictos desde el principio hasta el final, pero esto es necesario para que la figura del personaje masculino pueda contrastar en la suya. Aquí lo que le interesa, aparentemente, a la autora es hacer ese contraste entre uno y otro.

Y aquí tengo que hablaros de la Técnica de la CASCARA VACIA. Una técnica que consiste en coger a la protagonista y eliminarla por completo todos sus rasgos psicológicos. No tiene creencias, no posee ningún tipo de ideología, es voluble emocionalmente y sólo hay una cosa que la caracteriza, que cree en el amor verdadero por encima de todo.

¿Para que está creado el personaje?

Únicamente para SENTIR. Sólo para eso.

¿Es eso malo? ¿Le hace peor personaje?

Yo creo que no. Porque lo que se consigue con esta técnica es que el lector pase de identificarse con el personaje a convertirse en el personaje propiamente dicho. Y este es el gran éxito de la utilización de técnicas como esta.

¿Cuántas veces hemos oído con este personaje cosas como: “es que me encantaría estar en su piel” o “es que me siento identificada con lo que le pasa”?

No obstante, tenemos otros ejemplos de personajes como los que hablábamos a lo largo de la literatura universal, los clásicos sin ir más lejos, dónde los héroes que protagonizaban la mayor parte de las epopeyas griegas, parece que ni sentían ni padecían, superaban todas las pruebas que tuvieran que superar sin que ello les supusiera el menor problema, ni la menor duda.

www.pixabay.com

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A la hora de trabajar la creación de tu personaje, debes hacer una ficha. Una ficha en la que le realizas preguntas al respecto de lo que te interesa saber, tanto de sus características físicas como de sus conflictos internos o emocionales. Eso te preparará para poder enfrentarte con los distintos dilemas a los que le vas a lanzar en tu novela, cómo va a responder, qué va a decir y qué no. Cuestiones importantes para darle credibilidad a tu personaje frente a tu lector.

Las reacciones, sobre todo cara a una posible conducta sexual, son importantes, las motivaciones. Por ejemplo, no resulta demasiado creíble, por mucho que nos encante pensarlo y nos consideremos grandes amantes, que la primera relación de nadie, va a ser fantástica y acabará con cuatro orgasmos y sin ningún tipo de problema, porque eso no es así. La primera vez, siempre hay nervios, siempre hay tensiones, siempre hay dudas, y los perfiles psicológicos así como los antecedentes de nuestros personajes nos ayudarán a saber cómo reaccionarían ante un hecho como ese.

Sabes que me gusta acudir a novelas que considero fetiches para mí, pero por ejemplo y siempre bajo mi punto de vista, la construcción del personaje de Lulú en la novela de Almudena Grandes, es un personaje redondo con muchísimos matices. Su evolución es palpable y nos ayuda a entender todas sus reacciones y sus sensaciones y sentimientos.

De esto es de lo que se trata a la hora de crear nuestras historias, nuestros personajes: de hacerlos evolucionar.

Y para eso, aquí te podemos ayudar a hacerlo con nuestros talleres.

¿Qué personaje de los que has leído te ha parecido plano o redondo, en la literatura erótica?

¿Te apetece contármelo en los comentarios?


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Autor

José Carlos Sáchez Montero

Comments

  1. GuilleJiCan    

    No estoy de acuerdo con tu definición de personajes planos y redondos, lo que tú estás definiendo son los personajes dinámicos y estáticos (“dinamic” y “stagnant” en inglés): El personaje dinámico es un personaje que evoluciona y cambia a lo largo de la obra, mientras que un personaje estático es un personaje que no cambia. Un personaje plano sería un personaje sin profundidad o con poca profundidad, y un personaje redondo sería un personaje complejo con profundidad. Un personaje plano puede ser dinámico y un personaje redondo puede ser estático. Las definiciones que has dado son buenas solo que el nombre no es el correcto.
    Y como tú mismo has dicho, hay que defender el uso del personaje plano o incluso de la cáscara vacía. Son grandes formas de hacer un personaje y que mucha gente no conoce o no sabe hacer bien.
    Gran artículo sobre personajes ^^ Gracias por prepararme un poco el terreno, compañero.

    1. José Carlos Sáchez Montero    

      Hola Guille.
      Ya había dicho yo en la entrada, que la misma traería cola y alguna crítica. 😀
      Pero eso no está mal, sino todo lo contrario.
      Es cierto lo que dices con respecto a otro tipo de clasificación de personajes que son los estáticos y dinámicos. Y es cierto que la frontera es difusa en muchas ocasiones, de hecho hay algunos manuales que identifican estático con plano, dinámico con redondo. Trae controversia. Lo sé. Incluso la primera vez que fue formulada la teoría por E.M.Forster en “Aspectos de la novela”, él los llamaba “chatos” (a los planos) y “densos” (a los redondos), dándole más importancia a los primeros por contraposición a los segundos que serían todos aquellos que no cumplían con los aspectos destacados en los chatos. E incluso habla de la no posibilidad de establecer un personaje plano trágico en contraposición con el redondo, que es el único que puede serlo. Quizá por eso la definición de más o menos complejo o profundo, que tan correctamente apuntabas.
      De todos modos, coincido contigo son clasificaciones al final. Lo importante son las funciones de nuestros personajes y el sentido que tienen en nuestras historias siendo todos ellos buenos, si sabemos utilizarlos bien.
      Me alegro que te haya gustado, y sobre todo de tu aportación. Agradecido, tomo nota.
      Con lo de preparar el terreno… es algo parecido a lo usado en argot futbolístico como “dejarla botando en el área pequeña” ¿no? 😉 Es un placer.
      Un saludo.

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