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He reunido en este artículo los 25 consejos más útiles que he podido encontrar para cualquier escritor, tenga más o menos experiencia. Lógicamente, a menor experiencia más necesario es seguirlos al pie de la letra: la progresión en el oficio de escribir será mucho mayor en este caso.

 

consejos para todo tipo de escritores

 

1. Leer, leer, leer

Puede parecer obvio, pero es uno de los consejos más importantes. No importa si lees ensayos, relatos, novelas o artículos en las redes, pero procura hacerlo continuamente. Al mismo tiempo, fíjate bien en todo lo que leas, con un espíritu crítico y abierto. Procura aprender de los maestros, selecciona obras de calidad, no la primera que caiga en tus manos.

 

2. Al escribir, cuida la ortografía

Descuidar la ortografía crea una pésima impresión en el lector y es fácil de corregir con los modernos correctores ortográficos, que te solucionarán el 90% del problema. El resto tienes que aprenderlo paso a paso o recurrir a profesionales. Una forma de aprender es fijarse en lo que te está indicando el corrector, ver dónde está el fallo. Para escribir, lo primero que hay que hacer es escribir bien. Parece de Perogrullo, pero es así.

 

3. No escribas como hablas

El lenguaje escrito, como todo el mundo sabe, es muy distinto del hablado; no es ni mejor ni peor, simplemente es distinto, se utilizan recursos lingüísticos diferentes. El lenguaje escrito, sobre todo si es literario, está en otro plano al de la lengua hablada. En determinados casos (muy determinados) se pueden emplear palabras, expresiones o frases de la lengua hablada, pero solo ocasionalmente.

 

4. Utiliza nombres (sustantivos) y verbos

Este siempre es un buen consejo, sobre todo si comienzas a hacer relatos o cualquier tipo de narrativa de ficción. Deja los adjetivos y adverbios en un segundo plano; ya sabemos que matizan el discurso, lo enriquecen y le dan colorido, pero no hay que abusar, sobre todo de los adverbios acabados en mente. Ten en cuenta que las frases se construyen alrededor de un sujeto (nombre) y de un predicado (verbo). Todo lo demás es accesorio y hay que utilizarlo solo ocasional y justificadamente. Lo importante (mucho más en narrativa) es lo que hace (verbo) un individuo (nombre).

 

5. Presta suma atención a la puntuación

Los signos de puntuación parecen algo secundario, pero son vitales, sobre todo en la ficción. ¿Cómo podemos expresar sentimientos, énfasis, dudas, etc.? Para ello nos ayudamos de todos los signos, admiraciones, interrogaciones, puntos, comas, etc.

“Pásame el lápiz negro” es muy distinto a “¡Pásame el lápiz, negro!” Una simple coma y las dos admiraciones hacen dos frases completamente diferentes. Hay que dominar la puntuación a fondo, piensa en ello.

 

6. Amplía tu vocabulario y usa sinónimos y expresiones equivalentes

Puedes anotar los nuevos términos que vayas conociendo en ficheros o cuadernos, y repasarlos de vez en cuando, para no olvidarlos. Es mejor incluso si logras hacerte con una base de datos, en la que puedas ordenar o seleccionar las diferentes palabras. En este punto, de nuevo la lectura habitual es fundamental. No hay que dejar pasar ni una sola palabra o expresión que no conozcamos (por lo menos del léxico utilizado actualmente).

Para evitar las repeticiones de palabras, que crean un efecto muy pobre, hay que variar el léxico introduciendo sinónimos o expresiones equivalentes a las que hayamos utilizado anteriormente.

 

7. Escribe todo tipo de textos

Si quieres avanzar rápidamente hacia metas superiores, es necesario que practiques todo tipo de redacción. No importa si se trata de un relato, de un poema o de un artículo divulgativo… incluso de una entrevista o una crónica de un suceso. No importa si todo ese material es desechable, lo importante es la práctica que hará progresar cada día un poco más. Incluso puedes descubrir talentos ocultos, quién sabe.

 

8. Practica sin descanso

Después de leer, leer y leer, el mejor consejo es practicar, practicar y practicar. Las dos actividades son completamente necesarias en la formación de un escritor. También en su consolidación (sobre todo la segunda, en este aspecto). No es necesario emplear mucho tiempo, incluso a veces puede ser contraproducente: algo razonable sería dedicar algo de tiempo a la práctica constante, tanto de la lectura como de la escritura, tanto en tiempos muertos como en épocas vacacionales.

 

9. Elimina las distracciones

Esto es importante teniendo en cuenta el mundo en el que nos movemos. Si quieres progresar en la escritura, tendrás que eliminar todo tipo de distracciones, sobre todo comunicaciones inalámbricas y redes sociales. Se llevan mucho tiempo y por norma no son muy útiles, salvo para asuntos muy concretos. Hay cosas que son obvias; por ejemplo, abre el correo electrónico una vez al día, como mucho, y así podríamos poner otros ejemplos de actividades que hay que racionalizar si quieres comprar tiempo, que es el bien más preciado en el caso de querer escribir. Por supuesto, también en el caso de que queramos comprar concentración y enfoque, fundamentales a la hora de escribir.

 

10. Estudia los recursoso estilísticos

Ya se trate de poesía o de prosa, de escribir un tipo de texto u otro, hay que dominar los recursos lingüísticos que nos ofrece el lenguaje. Para ello, sería interesante, de nuevo, armar un fichero con ellos, poniendo como mínimo su definición y un ejemplo de su uso. Por decir algo, definición y ejemplo de uso de la metáfora, de la hipérbole, de la antítesis, de la ironía, etc…

 

11. Escribe sobre lo que conozcas

Está bien que quieras escribir sobre aquello que te ha llamado la atención en otros libros. Sin embargo, es conveniente, sobre todo al principio, limitarse a escribir sobre lo que uno domina, porque de lo contrario cometerás muchos errores. Y a la vez, abrir el foco progresivamente, sobre todo si uno sabe documentarse sobre otro tipo de temáticas más difíciles o más distantes a lo que somos y conocemos.

También es posible hacer ensayos, en forma de relatos (por ejemplo, en narrativa), para adquirir experiencia y confianza en nuestros intentos por incursionar en otro tipo de temáticas más alejadas de nosotros (por ejemplo, ciencia ficción, literatura fantástica, género negro, etc.)

 

12. Claridad y concisión

Si escribes para los lectores (y no para ti mismo), lo primero que debes procurar es ser claro (inteligible) y conciso (no poner palabras o frases o párrafos o capítulos… de más). Para ello es imprescindible la práctica continua y la revisión constante de los textos, por ejemplo leyéndolos en voz alta (entre otros pequeños trucos).

 

13. Ordenar las ideas

Procura elaborar, ya desde el principio, un pequeño guion o esquema de lo que quieras hacer. Ten en cuenta que perder un poco de tiempo al principio es ganarlo al final. Usa fichas (manuales o digitales) de todo lo que vas a construir (salvo si es algo muy breve).

Por otro lado, siempre será conveniente atenerse a lo que enseñan en el mundo del periodismo, esas preguntas típicas pero sumamente efectivas a la hora de estructurar un escrito: el qué, a quién, cómo, cuándo, dónde, por qué, etc.

 

14. Busca una estructura al escribir

Procura estructurar tus textos conforme al principio clásico de la narrativa, que es sobre todo lo que tratamos en este artículo, aunque a veces hablemos de otros tipo de textos. Desde luego, no es algo obligatorio buscar un planteamiento, un nudo y un desenlace, pero piensa que después de que así lo estableciera Aristóteles en su Poética hace más de 2.300 años, no se ha encontrado nada mejor.

¿Qué quiero decir? ¿Cómo introduzco el tema o el motivo? ¿Cuál es la idea fundamental, el núcleo, la esencia de lo que quiero expresar y transmitir a mis lectores? ¿Cómo llego al punto de máxima tensión del conflicto planteado? ¿Le doy un final abierto o cerrado? Formúlate estas preguntas y contéstalas en la planificación acorde que hagas.

 

15. No confundas al narrador con el autor

Piensa siempre que estamos en un mundo de ficción, no real. El escritor es el ser real, pero para elaborar su ficción necesita un narrador que sea distinto de sí mismo, un narrador acorde con la historia que quiere contar. El autor es externo a la narración misma. La narración tiene una coherencia interna basada en primerísimo lugar en la figura del narrador, que deberá ser inventada como ente de ficción por el propio escritor, con todo el cuidado con el que ha de tratarse este peculiar ente ficticio (que llevará el peso de la historia y será congruente con ella en todo momento).

 

16. Arma una trama coherente

De acuerdo con la temática que hayas elegido, tendrás que elaborar un armazón de tu argumento (que es un resumen de la historia). Ese armazón tendrá que ser lo más sólido posible, para que el lector no vea elementos incoherentes o directamente inverosímiles. Para ello tendrás que planificar con todo cuidado los elementos más característicos de una trama: las escenas esenciales, la progresión de la acción, el clímax y la resolución del conflicto, etc.

 

17. Utiliza un tono constante

El tono recae generalmente en el narrador, ya sea un protagonista o un narrador en tercera persona gramatical, aséptico y distante. Es conveniente no tener altibajos en la narración, porque el lector se dará cuenta… y esta circunstancia, por lo general, lo saca de la historia. Hay que tener en cuenta que una lectura sostenida de una narración larga provoca un efecto hipnótico en el lector aficionado, de forma que aquello que le aparte de ese efecto será siempre contraproducente. Y utilizar un tono muy variable, o incluso distintos tonos para cada parte de la historia, no conseguirá el efecto deseado por todo escritor, que no es otro que el de sumergir a los lectores en su historia.

 

18. Mantén el ritmo de la historia

Este consejo tiene mucho que ver con evitar por todos los medios que los lectores se aburran, que les llegue el tedio en cualquiera de sus formas, el cansancio lector, la bajada de los párpados, más o menos acusada.

Para este objetivo fundamental, hay técnicas adecuadas, por ejemplo intercalar los diálogos después de escenas demasiado descriptivas, hacer progresar la acción, etc.

 

19. Haz uso de la elipsis

Consiste en utilizar el tiempo y el espacio literarios de forma que se logre un ejercicio de síntesis, para que la historia progrese y el lector se interese. Es una de las bases del ritmo, y se usa formalmente para eliminar todo lo superfluo, lo no necesario. Quizás es el recurso narrativo más importante y más difícil de dominar, aunque no lo parezca a simple vista. Como un ejemplo elemental, si hay una cita en la historia, pasar directamente al objeto de la cita, en vez de perder el tiempo con descripciones, presentaciones, etc. Eso sería una elipsis literaria. O saltar directamente diez años si no son importantes para nuestra historia (que siempre es una selección de material literario en tiempo y espacio).

 

20. No presentes toda la información de golpe

De nuevo, un defecto bastante habitual en escritores con poca experiencia suele ser volcar toda la información acerca de la historia en los primeros capítulos. O al principio de cada capítulo, eso es como ir radiografiando todo lo que va a ocurrir en las próximas escenas, haciendo previsible para el lector toda la acción y desmotivándole para continuar la lectura. Dicho de otro modo, hay que saber ir dosificando la información para que surta el efecto deseado en el lector. Por ejemplo, la base del suspense está en que los lectores saben más que los personajes; el escritor debe saber crear esos efectos de misterio que despiertan la curiosidad inmediata de cualquier lector atrapado en la red de araña de la trama creada por el autor.

 

21. No fuerces los diálogos

Por supuesto, los diálogos son parte importante del esquema narrativo. Conviene que sean creíbles, naturales, adecuados a los personajes. De nada valdrá una trama bien elaborada si luego, cuando interactúan los personajes, al lector le da la impresión de que estos son de cartón piedra, de que no se sostienen como entes (ficticios) para poder empatizar con ellos, de que no son humanos, de que están exagerados o son caricaturescos. Claro está que para lograr esta meta, es necesario que la caracterización de los personajes sea perfecta, bien planificada en nuestro esquema base, en nuestro boceto, en nuestra estructura.

 

22. Introduce elementos sorpresa

Bien, esto depende de la extensión de nuestra historia. Vamos a imaginar que es bastante extensa, que hemos armado una trama densa con muchas subtramas y personajes secundarios. En este caso, para despertar al lector, que puede que se está aburriendo llegado a un punto de la narración concreto, será conveniente, incluso del todo necesario, introducir giros argumentales que puedan estimularle de nuevo. También lo vemos en las películas. Si un filme de mucho metraje se empantana en un determinado momento, hay que levantarlo con una vuelta de tuerca, que vuelva a conectar al espectador con la historia. Exactamente igual ocurre en narrativa de ficción en el área literaria.

 

23. Busca tu estilo desde el principio

Es normal, por un lado, que los escritores noveles no tengan un estilo definido. Sin embargo, por otro lado, lo que ya no es tan normal es que no tengan estilo alguno, o que su estilo se confunda con el de cualquier otro escritor primerizo. Debes buscar el estilo ya desde el comienzo, y para ello tendrás que definir tus opciones básicas: tipo de léxico, construcción sintáctica de las frases, el uso de los signos de puntuación, el uso de ciertas temáticas y ambientes, la utilización de jergas o la caracterización de ciertos personajes, el tipo de conflictos, el modo de tratarlos, los finales que das a tus narraciones, etc., etc. Porque, en definitiva, el estilo es la huella que dejamos a través de nuestra narrativa. Y no podemos dejar una huella anodina… o lo que es peor, ninguna huella.

Por supuesto, un estilo bien definido se consigue después de mucho tiempo, hay que tener paciencia y no desesperar, se va construyendo poco a poco, en tanto se va adquiriendo experiencia narrativa.

 

24. Escoge muy bien los títulos y los nombres

Tanto de la obra como de las secciones, partes o capítulos, procura seleccionar de la forma más adecuada los títulos, intenta que sean originales, atractivos, sugerentes, incluso simbólicos, etc.

En cuanto a los nombres de los personajes y lugares, lo mismo. Tienes que procurar la originalidad, en primer lugar, y después que los lectores puedan hacer asociaciones con los mismos. Si llamas a un personaje César o Cleopatra seguro que el lector hará otro tipo de lectura a que si lo llamas Luis o Luisa, todo ello en relación a la trama y a la historia. A veces es conveniente, por ejemplo, llamar con un nombre corriente a un personaje, para destacar precisamente que se trata de una persona corriente, y viceversa.

 

25. Revisar, revisar y revisar

No se trata de que seas un perfeccionista de aúpa, sino tan solo de lograr un resultado aceptable. Si te acostumbras a revisar tus textos sistemáticamente, te asombrarás cómo puedes ajustarlos y trabajarlos hasta que ya no den más de sí. Es un ejercicio por sí mismo estimulante, por la mejora del propio texto, sí, pero también porque procura un aprendizaje invaluable.

Uno de los objetivos de la revisión consiste en eliminar la paja y quedarse con el grano; no es tan difícil, sobre todo si no consideramos que lo que hemos escrito ya está perfecto (simplemente porque lo hemos escrito nosotros); eso sería alejarse mucho de un mínimo de objetividad. Todo texto es perfeccionable y ese debe ser el objetivo constante y paciente de nuestras revisiones.

***

 

Bien, tal vez puedan darse muchos más consejos, pero creo que esta es una buena lista de ellos, sin agotarlos, por supuesto. Son consejos que abarcan cualquier faceta de la escritura, desde la base ortográfica y sintáctica hasta la revisión de textos extensos y complejos. Espero os sirvan.

 

¿Y tú, qué opinas? ¿Tienes algún consejo que añadir? Cuéntanoslo en los comentarios y ayúdanos a mejorar la entrada.

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Ateneo Literario

Comments

  1. Jaume Vicent    

    Bueno, bueno! Gran artículo! (As always)

    Leer mucho es imprescindible, por mucho que haya muchos por ahí que se piensen que con leerse las etiquetas del champú es suficiente… Y es que he leído algunas entrevistas de autores que me han dejado temblando, proclamando orgullosamente que ellos apenas leen, que solo leen lo de su género —aunque este sea pequeño y marginal—. A mí me horrorizan este tipo de escritores y sus palmeros, de la misma forma que me horroriza cuando en programas como Sálvame se aplaude al que más grita, al más ignorante o al que más insulta, como si esto fuera lo correcto.

    Creo que a todos estos que desprecian tanto a Faulkner les hace falta un repasito de los clásicos. No se puede escribir sin leer mucho y leer de todo, no sabrás montar un diálogo en condiciones si no lees a Faulkner, ni tus personajes se van a sostener si no lees a Fitzgerald, y tus cuentos cortos serán —como mucho— aceptables, si no has leído a Chejov. En fin, que hay que leer de todo, sobre todo los clásicos, que por algo son clásicos. Y no hace falta que sean solo los clásicos, claro está, pero hay que leer de todo y no empezar con los desprecios y los snobismos.

    Tengo que estar en completo desacuerdo con el tercer punto del artículo, pues al menos en mi género —terror—, uno tiene que usar un lenguaje corto, rápido y directo. Stephen King, aconseja en «Mientras Escribo» que tenemos que escribir tal y como hablamos, sin perdernos en florituras, ni lenguajes complicados. El lector tiene que divertirse con lo que lee y tiene que resultar ameno, escribir de forma ligera es lo mejor para esto.

    Nada, más, genial artículo!
    Un saludo!

  2. facebook-profile-picture

    Ateneo Literario    

    Gracias, Jaume.

    Yo he conocido a un “escritor” que publica 4 libros al año y que se dice que él no lee porque no le gusta. No lo entiendo, en serio. Además de lo mucho que enseña la lectura, se sea escritor o no, y los infinitos momentos de placer que proporciona, ¿cómo puede gustarte escribir si no te gusta leer? A mí me resulta un enigma incomprensible, desde luego.

    Gracias por tu comentario y tu visita. Para geniales, tus artículos, que invito a los lectores de Ateneo a leer.

    Un saludo.

  3. Pablo Ferradas    

    Gran artículo, muy completo. Directo a compartir ;).

    Estoy de acuerdo con el consejo de que hay que intentar leer todo lo que caiga en nuestras manos. En ocasiones se hace un poco duro, sobre todo si se trata de un género que no frecuentas o, directamente, que no te hace demasiada gracia. En mi caso, suelo escoger mis lecturas entre géneros diferentes a lo que esté escribiendo en ese momento. Mientras escribía una novela juvenil fantástica, leía grimdark, histórica, ciencia ficción, clásicos del terror… y la cosa no salió nada mal ;). Es algo que me aportó inspiración y creo que enriqueció mis textos, así que lo asumí como metodología de trabajo.

    ¡Un abrazo!

    1. Ateneo Literario    

      Muchas gracias, Pablo.

      Nos alegra que te haya gustado y, por supuesto, que lo compartas (así que gracias nuevamente) 🙂

      Un saludo.

      facebook-profile-picture
  4. Marian Ruiz    

    Una entrada completa porque ¡bingo! reúne todo lo que tiene que reunir.

    Yo vengo a discrepar cariñosamente de Jaume Vicent (al que sigo; otro que me encanta) en lo que él discrepa, es decir, en el punto tercero. Opino que una cosa es tomar del habla común expresiones para ponerlas en boca de personajes y otra, que los personajes hablen con tu voz, como hablas tú. Cada tanto se ponen de moda expresiones que acaban estando en boca de todo dios, incluso entre quienes cuidamos este tipo de “pegamentos”, y que son muy fáciles de colarse. Pongo un ejemplo de un libro que estoy leyendo (cuyo nombre omito por no granjearme enemigos a destiempo) y que me ha dejado muerta: “Es malo, no; lo siguiente”. O cuando se decía “guay del Paraguay”, “flipando en colores”, “te lo juro por Snoopy” y engendros semejantes. Las risas: jajajjaajaa, jijiijii… Y también esas mezclas de cuando conviven dos idiomas y cada uno acaba tiñendo las maneras del otro y el habla queda salpicada de ellas. Se nos meten como atornilladoras.

    Después, todos los ajustes y permisos que sean necesarios en función de géneros y diseño de personajes. Y sí: leamos, leamos, leamos. De todo. Por favor. ¡Salud, buenos libros y buen domingo de tórrido julio, Jaume, Pablo, Ana! ;D

    1. Jaume Vicent    

      Es que creo que no entendéis —o seguramente yo no me explico bien— con eso de escribir como hablas. El «slang» —la jerga— es un tema aparte, eso no tiene que ver con escribir como hablas. Y esas palabras y expresiones forman parte de la jerga de cada momento, de cada «tribu» o de cada capa de la sociedad —pues el sustrato social de cada persona; su educación, el lugar dónde vive, la gente que lo rodea, juegan un papel muy importante en su lenguaje—. Nunca debería hablar o ver el mundo de la misma forma un maestro de universidad que un chaval de una favela, por ejemplo. Eso solo se puede reflejar mediante el lenguaje adecuado; escribiendo tal y como hablamos, nunca con lenguajes rebuscados o demasiado literarios.
      La jerga es necesaria, Hammett o Chandler no serían lo mismo sin usar el «slang» callejero del momento… No me imagino a Sam Spade hablando como Hamlet, la verdad, me parecía una cortada de rollo importante; un error tremendo para cualquier escritor.
      Uno tiene que saber qué está escribiendo; no es lo mismo escribir en la corte de Enrique VIII que necesitará un lenguaje más literario, que hacerlo en un bar de jazz de los años 50, donde tendrás que usar un lenguaje más directo, más callejero. Lo mismo cuando se narra la acción de una banda callejera de los 90… ¿Cómo lo narras con lenguaje literario y mega correctísimo? Pues Fracaso Absoluto.
      Hay que saber escribir en cada momento y usar nuestra voz natural nos ayuda en ciertas situaciones…. Eso es lo que muchos autores no entienden o no quieren entender. Además, si la que habla es una pija de los 90, un «te lo juro por Snoopy» no estará tan fuera de lugar, de hecho formará parte de su personalidad y ayudará a definir al personaje. Vuelvo a remitirme a King, que en esto es un maestro, sus personajes reflejan formas de hablar muy diferentes, si un personaje es un paleto y habla mal eso se refleja no solo en sus diálogos, también en su forma de pensar —si la narración transcurre a través de sus ojos—. Para mí esta es una herramienta imprescindible, al menos en mis géneros, que me encanta utilizar y que creo que todos los escritores deberían tener en su caja de herramientas.
      Te guste o no te guste —aunque esto no debería ir sobre gustos— el lenguaje está en constante mutación y evolución y a los escritores no debería darnos asco reflejar esos cambios en nuestros escritos, más bien al contrario, deberíamos reflejarlos, de forma que el retrato de nuestra sociedad sea lo más fiel posible. Sea como sea, ¿por qué tendríamos que restar? Un escritor necesita la mayor cantidad de herramientas posibles en su caja, y esta es una más…

      1. Marian Ruiz    

        Seguramente estamos diciendo lo mismo aunque mirándolo desde lugares distintos. Si los personajes están bien diseñados y los diálogos no son “conversaciones”, vale slang, valen expresiones comunes y corrientes y hasta salidas de tiesto. Incluso la pija del Snoopy, vale, pero que no sea tu voz, tu muletilla. Quizá es que me toca leer a escritores muy por pulir. ¿Fue Aristóteles el padre de “hablar como hablan las personas normales pero pensando como lo hacen los sabios”? Pues eso. Que ¡salud! Y gracias por la réplica.

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